RETIRO MARBELLA ABRIL 2026: ENSEÑANZAS DURANTE ZAZEN
Hacer o no hacer, pensar o no pensar, decir o no decir, creer o no creer, meditar o no meditar…no elegir. No elegir significa cambiar completamente, abandonar todas esas insinuaciones de la mente que comprometen, como cuando te dicen a qué hijo quieres más. Elegir significa el hombre poniendo en tela de juicio el testimonio más claro-este momento, la vida.
Desconfiamos del amor, titubeamos ante la consciencia, y nos encomendamos al que duda, depositamos la buena fe en el que no cree- el pensamiento. Entonces la esperanza se vuelve solamente pensamiento, deja de ser prosa-poderosa energía- y se vuelve prueba y ensayo, dejando el caminante de ser esperanza y leyenda.
Cuando empecé a buscar, a meditar, era un impulso de incontables experiencias nacidas del corazón en un niño de 16 años las que empujaban fuertemente la razón hacia fuera, hacia su término, acreditandose en ese momento a cada paso lo que me llevaba a buscar, ese impulso, como artífice de cada latido, la vida. Ahora es la razón la que empuja al corazón, la que le ahoga, la que se vuelve objetivo en sí misma en muchos retiros en lugar de respiración, lo que llamamos resultado que no es más que una elección…no elegir. De esta manera se vuelven entretenimiento nada más e información-propósito para la razón, tantas prácticas de meditación, de yoga, de relajación, y pierden el pulso del corazón, el impulso de cada momento.
Observar, dejar que el cuerpo se exprese, que el dolor recupere el pulso y se vuelva manifestación de nuestras esforzadas almas en su camino hacia el corazón más que obstáculo.
Buscar en lo que os impulsa no en lo que os detiene, dejaros llevar por los sentimientos internos y no por las emociones. Hacer florecer la vida es hacer florecer esos sentimientos internos, entonces la tristeza, la rabia, el miedo, la melancolía no se vuelven pensamiento sino acción. Quedarse solo sentado sin la acción posterior- la realización de esos sentimientos profundos- sería como ver llover por la ventana o enamorarse sin conocer el amor. No valen sólo las medias verdades, las emociones, conocer la raíz del sufrimiento, si no conocemos el amor como la verdad completa. Por eso muchos discípulos se equivocan, porque sólo ven la media verdad, deteniéndose constantemente en las formas y en los pensamientos y no en el amor que impulsa a sus maestros. La religión es un impulso libre de pensamiento.
Sentir el impulso, abrir las ventanas y dejar que las emociones sigan el impulso de la lluvia y no el de vuestros pensamientos.
Decíamos estos días mientras aprendíamos otras cosas: hay un momento en el que hay que tirarse al vacío, donde el pensamiento ya no llega, donde los sentidos ya no alcanzan, el maestro Desimaru decía “cavar hondo”. Cavar hondo-seguir a la respiración- lo que entra y lo que sale, cambiar completamente.
Lanzarse al vacío es comprender que el vacío no es inútil, todo parece siempre más útil que meditar; llamar a un amigo, hacer un curso, ir a comprar…y al final nunca llegamos a comprender qué es el vacío, o qué es la soledad, o qué es el sufrimiento. Lanzarse al vacío significa también iluminar sin tocar el objeto, entonces el vacío y la soledad se convierten en esa distancia justa para no llegar a identificarnos con el pensamiento.
Recordad este momento, recordad esta constelación, la distancia justa entre unos y otros.
Practicar… ¿Qué significa, entonces, practicar? Dejar los ojos entreabiertos. Un día alguien me preguntó ¿cuándo puedo un día practicar contigo, dime cuándo vas a hacer el próximo retiro?. Le contesté: “practica durante el camino”. Practicar, no esperéis a que llegue un momento determinado, no esperar a encontrar la solución en el pensamiento. Es durante el camino, el tiempo realizado, compartido, el tiempo antes de llegar a la orilla, al pensamiento, el tiempo donde podemos contarnos las cosas, estar juntos, por eso se llama práctica, porque no hay que esperar. Por eso decía el otro día: “muchos discípulos sólo ven la media verdad, el momento de llegar al retiro o el momento en que termine o suene la campana, el resultado, el momento de ordenarse monje, y no realizan la verdad completa, no aman completamente, no conocen la postura completamente”.
Ser monje no tiene que ver con la ordenación ni con el casamiento, sino una universal ceremonia; el tiempo de preparación, donde elegir el vestido blanco o el hábito negro deja de ser una carga, y nadie se averguenza-uno no tiene que cerrar los ojos, ni abrirlos demasiado.
Rafa Peinado Díaz
Compartir es vivir
Todos los derechos registrados.
El contenido publicado en rafapeinadodiaz.com se encuentra registrado en SafeCreative.